Palabras pronunciadas por el autor en el Fnac de Valencia el 20 de enero 2003.
El momento de presentar una primera novela, estoy seguro que es muy especial para cualquier autor. Desde luego lo es para mí. Es la culminación de un deseo que creo albergar desde hace más de cuarenta años.
Sin duda, escribir es mi segunda vocación. De haber sido más fuerte que mi fascinación por la Economía seguro que hubiera dejado de lado mis inclinaciones hacia lo práctico, útil y eficaz y me hubiera lanzado por la senda tortuosa, bohemia, llena de riesgos que entraña la profesión de escritor.
No lo hice así. Quizá a mis quince años tenía muy claro que era más fácil salir adelante por el camino que elegí. El Parnaso alberga sólo a unos pocos privilegiados. Mercurio es más agradecido que Apolo.
Es ahora, después de haber dedicado toda mi vida a otras cosas, refugiándome en la creación literaria cuando buscaba solaz, consuelo, estímulos o paz, cuando puedo empezar a intentar sacar a la luz tantas páginas emborronadas, tantas historias acumuladas, tantas ilusiones arrinconadas.
Carmelo Martínez, propietario y director de Ediciones Libertarias/Prodhufi, mi editor, me ha dado una oportunidad. Conocedor de su vinculación con Latinoamérica, le llevé al manuscrito de Pasado Imperfecto, cuya acción transcurre en México durante Agosto de 1986.
Le gustó y aquí estamos.
Pasado Imperfecto, podemos decir que es una novela de intriga.
José Sotillos, casi cincuenta años, español afincado en México, empresario, casado, muere asesinado. Se trata de descubrir quién fue el autor.
Como conviene al género, hay muchos sospechosos. Resulta que el muerto era un auténtico sinvergüenza y pocos de los que tenían tratos con él carecían de motivos para no querer quitarlo de en medio.
La lista es larga. Puede ser un crimen pasional: Viki, su mujer, harta de infidelidades; Evaristo, su mejor amigo, envidioso de sus éxitos; El padre de Lourdes – su amante – que sospecha del engaño de su hija; Armando el celoso novio de Conchita, su complaciente secretaria.
Pero seguramente tendrá algo que ver con su negocios: Nuñez, un socio al que extorsiona para obligarle a malvender sus acciones; Muñoz, un alto ejecutivo al que acaba de destituir; Martínez, un empleado infiel al que con seguridad aplicará un castigo ejemplar; Reyes, un consejero con intereses contrapuestos; Bermúdez, un líder sindical que siente cómo las maniobras de Sotillos minan su autoridad...
He pretendido que los motivos fueran suficientes, los personajes sólidos y que el ritmo fuera ágil. Espero haberlo conseguido.
Pero yo he querido utilizar esa intriga para contar también cosas que en otros tiempos me fueron muy próximas.
He contado historias de emigrantes, tan distintos los de hace cincuenta años a los de ahora. De sus luchas y renuncias, de sus éxitos, del relevo generacional.
He hablado del fascinante mundo de la mediana empresa, de su gestación y desarrollo, de sus retos, sus luchas intestinas, de los cruces de intereses creados.
Era necesario que los efectos de un pésima política económica cobraran protagonismo. La hiperinflación y los estragos que causa en familias y empresas subyacen en la trama.
Con los personajes y el ambiente, es el escenario el tercer elemento determinante: Ciudad de México. Sorprendente y llena de contrastes. Barrios, parques, restaurantes, climatología, contaminación, inseguridad...
Y ha surgido el espíritu de una sociedad con valores a la deriva. Y en su pérdida de la inocencia, las infidelidades, los fraudes, los sobornos, la violencia se insertaron en la vida cotidiana de los individuos.
El relato se estructura a lo largo de una semana, la última en la vida de José Sotillos, y lo acompañamos a lo largo de esos días en un puzzle de situaciones que inequívocamente llevan a su destrucción.
Ocho capítulos que corresponden a otros tantos días de una semana, con un pequeño preámbulo situado dieciséis años después.
El primer capítulo – sábado 23/8/86 – nos sitúa en el funeral de Sotillos, para pasar, a partir de ahí, a seguir sus pasos desde el lunes 18 en el que surge el germen de la tragedia que culmina el jueves 21 con su asesinato. En esos días, el protagonista pasa del éxtasis de ascender a la cima de su posición social y económica al abismo de su destrucción.
A las reacciones entre sus conocidos, casi todos sospechosos, el viernes 22, se sucede el desenlace de la intriga el domingo 23. Pero aún hay muchos cabos sueltos, muchas vidas implicadas en la trama. Necesitaremos llegar al lunes 24 para conocer la conclusión de todo ello.
He jugado pues no solo con el ritmo de la narración sino también con la alternancia de las historias en un decidido propósito de hacer la lectura amena, fácil, interesante y expectante.
Espero haberlo conseguido.
Y por último, un apunte marginal: la explicación del simbolismo de la portada, elección de mi editor.
Se trata de Quetzalcóatl, un dios de la mitología azteca. “La serpiente emplumada”. Lo identificaron con Cortés y ello facilitó la conquista. Es una referencia a Sotillos: se adorna con amabilidad y buenas formas, pero es un depredador que, seducidas sus víctimas, las destruye.
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